10 puntos para valorar su identidad visual.


La identidad visual es sólo una parte de la imagen corporativa, pero es quizás la más importante precisamente porque entra por nuestro sentido más dominante, esto es, por la vista. La marca está presente no obstante en todos los sentidos (olfato, oído…) y en otras partes de nuestro sistema nervioso.
Un sencillo test en 10 pasos nos ayudará a evaluar nuestra imagen gráfica y decidir si es adecuada a nuestra empresa y sus objetivos de marketing o es momento de cambiarla. Por supuesto, no nos referimos sólo al logotipo, marca gráfica o logomarca sino a todas las aplicaciones de forma global: soportes impresos, web, páginas en redes sociales, vehículos de empresa, merchandising, audiovisuales, etc., pero puede ser un buen comienzo centrarnos en el logo, ya que es la pieza fundamental en este puzzle. Si pasa las 10 pruebas, hay que dejarlo como está. Si no pasa ninguna, hay que empezar de cero.
1

¿Conecta con la marca?

¿Hay coherencia entre la imagen y los valores de la marca? La imagen debe tener relación con la “misión, visión y valores” de la empresa o institución. Otra cosa confunde y no aporta contenido por muy original o moderno que sea.
2

¿Conecta con el mercado?

Si el público objetivo de la empresa es joven, mayor, de clase alta o media, clásico o moderno esto debe reflejarlo su imagen. Debería hablar su lenguaje si quiere entenderse con él.
3

¿Es consistente?

La imagen debe conectar también consigo misma; es decir: todos los elementos que intervienen deben ser coherentes en formas, estilos, colores, tipografías… Es obligatorio un manual de identidad, aunque sea básico, que normalice cada uno de estos aspectos y evite incoherencias entre los distintos soportes.
4

¿Es original?

Es difícil hoy día ser absolutamente diferente a todo y en todo, pero aún así la originalidad es una condición necesaria para diferenciarse de la competencia y posicionar la marca con ventaja.
5

¿El color y la tipografía hablan?

Es aceptable una imagen en negro o en grises y con una tipografía de palo seco porque la misión principal de ambos es que pueda “leerse” y con eso ya cumplirían, pero si se usa otra cosa es para transmitir las emociones adecuadas sin perder legibilidad.
6

¿Está “de moda”? Si es así, un punto menos.

La imagen debe perdurar en el tiempo, a no ser que sea la de un evento efímero, así que si usa los recursos que estén de moda en determinado momento, es inevitable que dentro de 1, 2 ó 3 años haya que cambiarla.
7

¿Funciona bien en todos los tamaños?

Aquí nos referimos básicamente al logo pero no exclusivamente. Debe conservar su legibilidad y ser reconocible tanto con los 16×16 píxels de un favicon como si lo usamos para forrar un rascacielos (esto es improbable pero debería ser así). Quizás deban diseñarse distintas versiones (ver punto 9), pero siempre manteniendo la coherencia.
8

¿Se queda grabado?

¿Cuántas veces es necesario verlo para poder reconocerlo en un abrir y cerrar de ojos o después de pasado un mes? Se puede hacer un test y valorar este aspecto.
9

¿Y las versiones?

Hay muchos casos en los que una sola versión es suficiente y quizás esto sea lo ideal, pero en cualquier caso la imagen deberá aplicarse sobre muchos distintos soportes y lo  más posible es que sea necesario desarrollar varias versiones adaptadas a cada uno de ellos.
10

¿Además, es simple?

Esta es la más difícil condición de cumplir: además de todo lo anterior, cualquier complicación sobra y dificulta la comunicación; es ruido. Y el ruido es molesto, en general.